NARRADOR.
La mansión Santoro brillaba bajo las luces nocturnas como una joya oscura. Desde la muerte de Rodrigo, Valentina había rediseñado cada espacio para borrar cualquier rastro del hombre que nunca la consideró digna de heredar. Ahora, sentada en el estudio que alguna vez fue su santuario, bebía vino tinto mientras su madre observaba la ciudad desde el ventanal.
—Nada funciona —dijo Valentina, su voz cargada de frustración—. He intentado todo, mamá. Absolutamente todo.
Camila se giró, su e