POV ADRIANA
Cinco años después.
Me paré en el balcón de la hacienda mirando el jardín donde Mateo y Luna jugaban.
Mateo tenía seis años ahora, alto para su edad con cabello oscuro como el mío pero ojos verdes como los de Damián.
Luna tenía cinco, toda una princesa con cabello largo oscuro y esos ojos azules idénticos a su padre.
—¡Mamá mira! —gritó Mateo desde el columpio—, ¡puedo ir muy alto!
—¡Ten cuidado mi amor!
—¡Siempre tengo cuidado!
Luna corría detrás de las mariposas riendo.
—¡Papi ayú