POV ADRIANA
Seis semanas después de matar a Kozlov llamé reunión con todos mis jefes.
Cincuenta hombres en la sala de la hacienda, todos esperando órdenes, todos habiendo servido a mi padre antes que a mí.
Mi hombro todavía dolía pero había sanado suficiente para dejar de usar cabestrillo.
Damián estaba a mi lado como siempre, Santiago y Ricardo en frente.
—Gracias por venir —empecé.
—¿Qué pasa señora? —preguntó Santiago.
—Tengo anuncio importante que cambiará todo lo que conocen.
Murmullos de