Capítulo ochenta y uno. Nunca dudé.
— — — — Narra Amy Carlson — — — —
—No me canso de amanecer a tu lado —sonrío cuando siento que pega sus labios a mi espalda desnuda —. Soy adicto a esto, nena. Buenos días.
Escondo mi rostro en mi almohada y dejo que sus dedos caminen por la piel desnuda expuesta a él y gimo bajito, tranquila y feliz cuando me busca el lóbulo de la oreja con sus dientes.
—¿ Tienes idea de lo mucho que gustas?
Me da la vuelta y se acomoda entre mis pechos, en un gesto íntimo m