Capítulo ciento treinta y cuatro. La señal
— — — — Narra Brad Lancaster — — — —
Amy dormía.
Su respiración era profunda, acompasada, y su cuerpo envuelto en la bata blanca que colgaba aún de su hombro izquierdo. La ducha le había hecho bien. A los tres. La tibieza del agua, mis manos sobre su espalda, la calma de no tener que decir nada. Solo estar.
Había algo sagrado en verla así. Serena. Silenciosa. Viva.
Me senté a su lado en la cama sin hacer ruido. Tenía el teléfono en la mano, pero no par