Capítulo ciento veintitrés. El expediente sellado.
— — — — Narra Milicent Aramendi — — — —
Volver a ese hospital fue como cruzar el umbral de una pesadilla que nunca terminé de entender.
La sala de archivos estaba clausurada desde hacía semanas por “renovaciones”. Pero no era cierto. Lo sabía porque uno de los ordenanzas me lo confesó a media voz: “Sellaron un ala entera desde que el jefe de obstetricia fue interrogado… nadie entra sin autorización directa.”
Y yo tenía una.
Brad me la había con