Capítulo ciento veintidós. El peso de lo que no se dice.
— — — — Narra Amy Carlson — — — —
La luz entra como un susurro por las cortinas entreabiertas.
No sé a qué hora me quedé dormida, pero lo supe enseguida: Brad ya no estaba en la cama.
Toqué el espacio a mi lado. Tibio todavía.
Y sin embargo… tan lejano.
Me incorporé con dificultad. Los trillizos se movieron, como si también sintieran el cambio. Acaricié mi vientre con ambas manos.
—Ya lo sé — murmuré —. Yo también lo sentí.
Me puse la bat