Al día siguiente, aunque nos despertó nuestro hijo Lucas gritando y saltando encima de nuestra cama para que nos despertaramos, la verdad es que a mi me costó un poco más que a mi esposo levantarme de la cama, pues los azotes que me dio la noche anterior con su cinturón Mario, me dejaron con bastante dolor en mis nalgas.
—- Venga dormilona, levántate ya de la cama, vamos a desayunar como lo hace una familia normal, los tres juntos — me dijo Mario, mientras me daba dos palmadas en mis nalgas, ha