Nada más salir por la puerta del dormitorio Mario, supe que le amaba y que estaba perdidamente enamorada de mi esposo. Los días pasaron demasiado lentos para mi, aunque nos llamábamos los dos por teléfono o hablábamos por el ordenador, alegrandose mi hijo cuando hablaba con su padre,Pero que Mario estuviera tan lejos de mí además de saber que estaba con su asistente, eso hacía que mis celos fueran creciendo por días. Una noche que ya estabamos todos en la cama, escuché el motor de un coche, en