Mario se fue de mi dormitorio, tumbandome yo en la cama temiendo a que volviera a aparecer, mientras escuchaba correr el agua de la ducha del dormitorio de Mario. Sabía que él no deseaba ser cruel conmigo pues quedaba poco para nuestra boda y yo era suya desde el mismo momento en que firme los documentos en su despacho.
Tumbada en mi cama, me sentí irritada conmigo misma, pues sabía que yo también lo deseaba desde aquella noche en la casa de sus padres. Me limpie las lagrimas que caían acaricia