Nos quedamos mirándonos los dos haciéndome sentir la calidez de su aliento en mi cara,
—- ¿Te negarias ahora a darme lo que tanto deseo de ti? — me pregunto.
El tono de su pregunta, muy lejos de ser duro me pareció que era algo conciliador, viendo en sus preciosos ojos cómo brillaban mientras él tenía en sus labios una media sonrisa, burlona y algo gamberra. Empujo mi cuerpo haciéndome caer en la cama poniendo sus manos en la cama pero a cada lado de mi cara parándose en la suficiente distanci