El reloj marcaba las diez con veinte cuando Sofía se obligó a dejar el celular sobre la mesa y terminar de recoger su desayuno. Ares, siempre atento, la seguía con sus ojos tranquilos, como si supiera que algo había cambiado en ella aunque no pudiera expresarlo con palabras. El silencio del departamento no la consolaba; por el contrario, amplificaba sus pensamientos.
Había intentado distraerse con música, con un par de correos sin importancia de la universidad, con una ducha larga… pero nada fu