Me sentía completamente alucinada.
Aidoneo respiraba con dificultad y aún mantenía esa sonrisita, me tenía a su regazo.
Estiré mi mano hacia su rostro, acariciándolo lento con mis dedos, me levante sobre mi codo y lo observe.
—¿Qué sucede, cara?
Sentí que las mejillas me dolían por la estúpida sonrisa que aún mantenía, me agache para capturar sus labios, él me recibió, deslice mi cuerpo ahuecándolo en el suyo, enrede mis dedos en su camisa hasta bajar por su abdomen y topar con la hebilla de su