Con la esperanza de haber interpretado bien la situación, camino por el apartamento hacia el estudio de David a las 5:57 p.m., vestida solo con un chemise de encaje negro muy revelador y unos tacones negros de tiras que estoy casi segura de que David aún no me ha visto puestos.
Esta vez, llamo a la puerta del estudio.
Espero oír que me diga que pase, pero me sorprende que haya unos segundos de silencio antes de que la puerta se abra de golpe.
—Nora —dice con una sonrisa ladeada mientras me mira