Mi cerebro se corta. Lo miro parpadeando estúpidamente mientras la cintura de sus pantalones se afloja y él los baja lo justo para mostrarme el bulto endurecido en sus bóxers.
Cuando baja el antifaz sobre mis ojos, todavía no he dicho ni una palabra.
Siento sus labios recorrer mi mandíbula, subiendo hacia mi oreja, donde susurra…
—Dos toques para parar.
La frase termina con los tapones para los oídos que me introduce suavemente, haciendo que el sonido de mi sangre bombeando por mis venas sea in