David me guía hasta su apartamento sin hacer ningún comentario sobre el desastre que tiene que sortear. Tal vez ni siquiera lo nota.
Entre las prisas de Danvers y mías para prepararnos y salir, no he mantenido el lugar precisamente ordenado. Pero quizá él sepa que por eso hay ropa tirada del perchero, papeles esparcidos por el suelo de cuando vacié todos los cajones buscando más armas. Tal vez Danvers ya le haya advertido. Tal vez sepa que he pasado por aquí como un tornado.
O quizá simplemente