#51: Nora
La puerta de la celda de detención se cierra con un fuerte clangor detrás de mí y me quedo allí parada un largo momento, sintiendo el mono naranja que me raspa la piel. La luz fluorescente del techo nunca se apaga. Zumba como si se burlara de mí.
Me dejo caer sobre el colchón delgado y respiro hondo. La mujer que ya estaba en la celda no levanta la vista de inmediato. Es mayor, quizá de unos cuarenta y tantos, con el cabello recogido en apretadas trenzas y los brazos cruzados sobre el