#54: Nora
Maya permanece congelada bajo las luces brillantes de la Sala Roja, con el pecho subiendo y bajando demasiado rápido, los ojos muy abiertos con ese tipo de shock que solo llega cuando todos los planes cuidadosos se derrumban en el mismo latido. La sangre se seca en mis brazos, pegajosa y tibia, pero nada es mío. Los cuerpos de sus hombres yacen esparcidos por la alfombra como muñecos rotos: algunos todavía se mueven, la mayoría ya se fueron. El aire huele a cobre, pólvora y miedo.
Man