#52: Nora
La visión de Maya en nuestro sofá, con las piernas cruzadas y esa calma de quien espera que le sirvan, hace que algo se rompa dentro de mí y me lanzo. Cruzo la sala en tres zancadas, con las manos ya convertidas en puños, lista para borrar esa sonrisa tranquila de su cara con toda la rabia que se ha acumulado desde el día que entré en aquel almacén.
Casi lo consigo.
El frío cañón de una pistola contra la nuca me frena en seco.
—Tranquilita —dice una voz masculina detrás de mí—. Manos