Al principio pienso que podría ser Marcus otra vez. Pero luego me doy cuenta de que la persona sigue arrastrándome hacia atrás y algo se siente muy, muy mal.
Empiezo a forcejear. Me sujetan con más fuerza mientras me arrastran a un callejón oscuro. Intento meter las manos en los bolsillos, buscando desesperadamente las llaves, el teléfono, cualquier cosa con la que golpearlo, pero entonces me empujan de cara contra la pared, inmovilizándome las manos contra el estómago.
—Nora Ellis. Por fin nos