Capítulo 05: El Segundo Alfa llegó demasiado tarde.
Capítulo 05: El Segundo Alfa llegó demasiado tarde.
—¡Sigmund sí llegó, después de todo!
—Pero es tarde… ¿no?
Murmuraban los espectadores.
Kiara volvió a ver el reloj del ritual ceremonial.
Justo en ese instante, la aguja marcó el final del sexto y último ritual.
Ya era demasiado tarde.
Frente a todos, el enorme lobo recuperó su forma humana, cargando entre sus brazos a Melina, y colocándola sobre el suelo de piedra pulida, como si ella fuera un tesoro sagrado.
—¡Te dije que llegaría, Kiara! —rugió Sigmund furioso, ahora viendo hacia ella, él tenía el rostro completamente rojo y varias venas resaltando en sus sienes.
Melina volvió a ver al Rey Alfa.
Ella llevó una mano hasta su boca, incapaz de ocultar su sorpresa.
—Oh, por la Diosa… Hermano Magnus… ¿Tú… te casaste con la Omega?
—¡Hermano! ¿Cómo pudiste hacerme esto? ¡Kiara es mi hembra! —gruñó el segundo Alfa.
Sigmund se acercó de inmediato, tomó la mano de Kiara y tiró de ella para alejarla de Magnus.
—¡Suéltame! —exigió Kiara, forcejeando para soltarse.
Magnus se acercó en un parpadeo y apoyó una mano sobre el hombro de Sigmund.
—Suéltala.
La presión de la gran mano del Rey Alfa aumentó poco a poco.
—Ya no es más tu hembra. Kiara ahora me pertenece.
Sigmund apretó los dientes con fuerza, sus colmillos quedaron completamente expuestos por la rabia en ese momento.
Pero también sentía aquella m@ldita presión sobre el hombro.
Él sabía que, con un simple movimiento, Magnus podía romperle el brazo por completo.
Sigmund apretó la mandíbula, y poco a poco, soltó la pálida muñeca de Kiara.
Tragó saliva con dificultad, Quería abofetearla, maldecirla por ser tan cualquiera y lanzarse a los brazos del primer macho que aparezca.
Pero no se atrevió a desafiar al Rey Alfa, a su hermano mayor. Al menos no lo haría en ese momento.
—¿Dónde quedó todo el amor que decías tenerme, Kiara? —preguntó Sigmund con un tono bajo y peligroso.
Kiara inhaló profundamente.
Ella volvió la mirada de reojo hacia Magnus, que permanecía de pie al lado de Sigmund, sin apartar la mano de su hombro.
Aquella sola presencia le dio el valor que ella necesitaba.
La Omega elevó ligeramente el mentón y caminó decidida hasta quedar frente a Sigmund.
El corazón de ella latía con fuerza violenta.
Los recuerdos de aquellos tres años agridulces con Sigmund cruzaban su mente uno tras otro.
Lentamente ella metió la mano en el bolsillo de la falda de su vestido de novia.
Sacó el anillo emblemático que Sigmund le había entregado tiempo atrás.
Lo observó durante un instante.
Después tomó la mano de su ex y colocó el anillo sobre su palma.
—¿Dónde quedó mi amor por ti? —repitió Kiara con una serenidad que ni ella misma sabía de dónde había sacado—. Quedó hecho pedazos desde el primer ritual fallido… —dijo, intentando sonar decidida, aunque el ligero temblor de su voz terminó traicionándola—. Y cada pedazo de ese amor roto terminó esfumándose con cada ritual fracasado.
Sigmund se quedó inmóvil.
En ese momento, él simplemente no encontró palabras para responder.
Había llegado tarde… seis veces.
Magnus retiró la mano de su hombro y se acercó a Kiara. Él extendió la mano hacia ella con naturalidad.
—Nos vamos, mi Luna. Es nuestra noche de bodas, y aún tenemos que completar el ritual de marcado.
Todos quedaron anonadados ante las palabras del Rey Alfa.
¿Iba a marcarla? ¿Una unión íntima y mutua que los ligaría por la eternidad… a ella, la loba que todos despreciaban hace minutos?
¿De verdad pensaba pasar la noche de bodas con ella?
—Alfa… —se acercó uno de los lobos del consejo—. Aún falta la fiesta de bodas en el pueblo. Todo está preparado y…
—Se cancela —sentenció el Rey Alfa—. Una fiesta no es prioridad ahora. Completar el ritual del marcado, sí.
Kiara extendió lentamente la mano hacia Magnus. Aunque por dentro sentía que el corazón quería escaparse de su pecho ante su vergüenza.
Las piernas le temblaban tanto a la Omega que parecía que en cualquier momento perdería las fuerzas.
—¡Kiara! —exclamó Sigmund, incapaz de creer lo que estaba sucediendo—. ¿En serio piensas irte con mi hermano y dejarte tomar toda por él? ¡Tres años te di de mi vida, Kiara! ¿Te estás vengando? ¡No lo amas! Deja de hacer este espectáculo. Solo dile la verdad… y ven conmigo, si vienes ahorita mismo, te perdonaré por esto.
Sigmund extendió la mano hacia ella, con los dedos temblándole ligeramente entre rabia y temor a la humillación.
Kiara volvió a verlo de reojo al mismo tiempo que tomaba la mano de Magnus.
Una leve sonrisa curvó los labios carnosos y rojizos de la hembra.
Jamás imaginó que el sufrimiento de Sigmund pudiera darle un poco de consuelo en ese instante.
¿Cuánto no había llorado ella mientras él la menospreciaba una y otra vez?
Volvió la mirada hacia Melina, que seguía firme y seria junto a Sigmund.
Después volvió a ver a su ex.
—Tú prefieres a tu hermanastra… —clavó sus ojos verdes en los de Sigmund—. Así que yo me casé con tu hermano mayor. ¿Por qué ahora te asustas?
—¿Eh…? —Sigmund se quedó completamente en shock.
Solo pudo verla darle la espalda.
Ella lucía más radiante que nunca con su vestido de novia que acentuaba cada curva de su esbelto cuerpo.
Pero no era él quien salía del templo tomado de su mano, bajo el brillo de la luna llena y el constante resonar de las campanas del templo ceremonial.
Era Magnus, su hermano mayor.
El hombre al que había jurado superar toda su vida.
El mismo al que había odiado con todo su ser.
Y ahora…
También era el hombre que le había arrebatado a Kiara…