Capítulo 06: Noche de bodas.
Capítulo 06: Noche de bodas.
El bullicio del templo quedó atrás.
Luna Kiara caminaba lentamente por los antiguos escalones de piedra que conducían hacia la montaña sagrada, el territorio exclusivo del Rey Alfa.
La fresca brisa nocturna descendía entre los árboles, moviendo las copas frondosas y acompañando el sonido lejano de las campanas ceremoniales, que poco a poco quedaban atrás.
La expresión de Sigmund seguía cruzando su mente una y otra vez.
Él había llegado.
Pero había llegado demasiado tarde.
Sus ojos verdes descendieron hasta su mano izquierda.
Sobre su muñeca brillaba el brazalete plateado otorgado por la Diosa durante el ritual.
Era real.
Se había casado con su excuñado.
«Él me salvó la vida…»
Apenas ese pensamiento cruzó su mente, su corazón comenzó a latir con más fuerza.
Sin darse cuenta, la mano que permanecía entrelazada con la de Magnus se tensó ligeramente.
Fue un gesto tan pequeño que ella creyó que pasaría desapercibido.
Pero no para él.
Magnus cerró un poco más los dedos alrededor de su mano, asegurando el agarre con absoluta naturalidad.
Kiara sintió una cálida sensación recorrerle el pecho.
Distraída, volvió a verlo.
Ese macho alto caminaba apenas unos pasos por delante de ella, guiándola por el sendero de piedra, rodeado por enormes árboles antiguos que parecían custodiar el camino hacia la montaña sagrada.
Sin darse cuenta, dio un paso en falso sobre uno de los escalones.
—¡Ah!
La hembra soltó un pequeño grito.
Ni siquiera alcanzó a reaccionar ante la inminente caída.
En un parpadeo, Magnus ya estaba frente a ella.
Ella no logró ver cuándo se había movido.
Lo único que alcanzó a percibir fue su rostro a escasos centímetros del suyo.
Y casi al mismo tiempo, aquellos fuertes brazos rodeándola con firmeza antes de que pudiera golpearse contra las piedras.
—Alfa…
—¿Te encuentras bien? —preguntó Magnus con aquella expresión serena e indescifrable que siempre era un misterio para Kiara.
Ella parpadeó varias veces, no sentía el suelo bajo sus pies.
Magnus la había alzado con tanta facilidad que parecía no pesar absolutamente nada.
Su rostro permanecía demasiado cerca.
Tan cerca que el cálido aliento del Alfa rozaba su piel, provocándole un estremecedor cosquilleo que descendió lentamente por su cuello.
Kiara tragó saliva con inquietud.
Sintió el calor subir hasta sus mejillas y asintió varias veces.
—Alfa… yo… solo estoy débil. No tiene que preocuparse tanto por mí… —explicó con la voz ligeramente temblorosa por los nervios—. Fueron seis rituales fallidos, después de todo. Mi cuerpo tardará en recuperarse de todas las veces que tomé del cáliz sin que el vínculo llegara a completarse.
—No tienes que explicarlo.
La respuesta fue tranquila y simple. Como si para él no hiciera falta ninguna justificación. Ella podía ser vulnerable sin preocuparse.
Kiara bajó un poco la mirada.
Sus dedos se aferraban apenas a la camisa negra del Alfa mientras intentaba recuperar la calma.
Magnus volvió la vista hacia el sendero.
El camino todavía era largo, empinado y demasiado difícil para una Omega cuyo cuerpo aún seguía debilitado.
Con cuidado, volvió a dejarla sobre el suelo.
Apenas sus pies tocaron la piedra, un ligero mareo hizo que su cuerpo perdiera el equilibrio.
Casi de inmediato ella se sostuvo del brazo de Magnus sin siquiera pensarlo.
Ambos permanecieron inmóviles durante unos segundos.
Él no apartó su brazo ni hizo el menor intento por alejarse.
El viento frío volvió a recorrer el sendero, haciendo que las ramas se apartaran unas de otras y permitiendo que la luz de la luna iluminara con mayor claridad el rostro de Kiara.
Los ojos rojo sangre de Magnus permanecieron sobre ella un instante más de lo necesario.
Kiara respiraba con cierta dificultad.
El viento agitaba su larga cabellera castaña, obligándola a apartar varios mechones que cubrían su rostro.
—Lo… lo siento… —murmuró avergonzada mientras soltaba lentamente el brazo del Alfa.
—No te disculpes —la voz de Magnus sonó firme—. A partir de esta noche eres mi Luna —hizo una breve pausa—. Mi igual.
Kiara abrió ligeramente más los ojos, su corazón volvió a acelerarse.
Ella observó cómo Magnus daba unos pasos hacia delante.
¿Iba a dejarla atrás?
Pero apenas ese pensamiento cruzó por su mente…
Un intenso resplandor envolvió el cuerpo del Rey Alfa.
El viento estalló alrededor de ambos, levantando una lluvia de pequeñas hojas que giraron entre los árboles.
Kiara levantó un brazo para cubrirse del destello, y cuando volvió a abrir los ojos…
Él ya no estaba.
Frente a ella emergía Arus. El enorme lobo negro del Rey Alfa. Era incluso más grande de lo que imaginó.
Su cuerpo prácticamente duplicaba el tamaño del lobo de Sigmund.
El sedoso pelaje negro brillaba con un ligero matiz azulado bajo la luz de la luna.
Cada músculo de aquel cuerpo irradiaba fuerza, poder, majestad.
Kiara se quedó completamente atónita.