Lucero, perdóname por no haberte llamado en estos dos meses que he estado aquí en Italia.
— María, hermana, cálmate por favor. Yo entiendo lo que has vivido, además, no fui a acompañarte cuando más necesitabas de mi presencia. La que te pide perdón soy yo.
— Habla Lucero abrazando a María. — Te quiero, María le dice a Lucero entre lágrimas.
— Y yo a ti, hermana. No importa lo que haya pasado en el pasado, lo importante es que estamos aquí juntas ahora. Prometo estar más presente en tu vida y se