CAPITULO 30

Los rayos del sol iluminan la habitación del hotel. "Buenos días, mi amor. ¿Estás bien?" —"No tengo hambre, Sebastián."

—"Jajajaja, princesa, no hagas esa carita, mi cielo. Voy a llamar para que suban el desayuno." Me acerco a ella y le doy un beso. "Te amo, María", le susurro en el oído.

Ella sonríe y me abraza, agradecida por mi gesto de amor. Mientras esperamos el desayuno, nos acurrucamos en la cama y disfrutamos de la tranquilidad de la mañana.

Después de desayunar juntos, le entra una lla
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