Narra María
Salí de la oficina de Sebastián para ir a almorzar con Micaela. Al llegar a la recepción de la empresa, le dije a Micaela que nos íbamos a almorzar. "Claro, amiga", me contestó con una sonrisa, levantándose de su silla y agarrando su bolso y celular.
—María, ¿estás bien? —me preguntó Micaela—. Llevas diez minutos con los cubiertos en la mano, pero no has probado ni un bocado de la comida.
Levanté mi mirada llena de lágrimas. "¿Qué te pasa?" —me preguntó Micaela.
—No sé cómo decirte