Diego
La satisfacción supera a la irritación. Ahí está. El verdadero juego comienza. Ella cree estar en la observación. No ve que, al intentar comprenderme, me ofrece el espectáculo más fascinante que existe: su propia transformación.
—Descansa —repito al salir de la habitación.
Cierro la puerta. No oigo el ruido de un cerrojo. Sabe que no lo hay. Permanezco un instante en el pasillo oscuro, escuchando el silencio detrás de la madera. Un silencio pensante, activo.
Está bien.
La noche de la ciud