Valeria deja la botella sobre la mesa con un clic seco que resuena en el comedor como un disparo. Levanta la vista y, por primera vez en días, sus ojos brillan con un fuego oscuro que hace que Alice retroceda imperceptiblemente.
–Richard no te dejó por mi culpa, Alice, te dejó porque eres una perra mentirosa que construyó una vida sobre una base de engaños que ni siquiera tú podías sostener –dice Valeria con una voz gélida y cortante. – Te duele que la verdad haya salido a la luz porque ahora