El silencio denso y lúgubre regresa al depósito de mantenimiento en los pasillos traseros de la mansión en cuanto Adrián cruza el umbral de madera pesada, dejando atrás el murmullo hipócrita de la gala benéfica para sumergirse de nuevo en esa atmósfera clandestina donde la vida humana carece de valor frente a los intereses de su corporación automotriz. Sus pasos firmes y lentos resuenan sobre el cemento pulido, deteniéndose exactamente a un metro de distancia del informante herido, quien perman