Richard entra a la habitación cerrando la puerta tras de sí con un movimiento frenético, apoyando la espalda contra la madera mientras intenta recuperar el aliento, observando a Valeria con una devoción que la hace sentir más vulnerable que todas las amenazas de Adrián juntas.
–Valeria, por el amor de Dios, dime que estás bien, dime que este monstruo no te ha hecho daño –susurra Richard, dando un paso vacilante hacia ella, mientras sus manos tiemblan visiblemente al verla envuelta en ese rojo