En ese preciso instante, El Carnicero aprovecha la distracción de Richard para abrir fuego a quemarropa. Un impacto mortal de proyectil atraviesa el blindaje ligero del chaleco y se incrusta profundamente en el tórax de Richard, perforándole directamente la arteria principal. El impacto lo hace tambalearse violentamente hacia atrás, soltando una bocanada de sangre caliente antes de desplomarse contra el asiento del conductor del vehículo.
–¡No, Richard, Dios mío, no! –grita Valeria horrorizada