El aguacero cae con violencia sobre el asfalto oscuro de la ciudad, transformando los callejones del distrito financiero en verdaderas trampas de agua y metal. Valeria sale por la puerta trasera del despacho jurídico sujetando su cartera contra el pecho, pero antes de que pueda dar tres pasos hacia la avenida principal, el rugido ensordecedor de un motor ahoga el murmullo de la tormenta y dos camionetas oscuras sin placas le cortan bruscamente el paso, acorralándola contra el muro de ladrillos.