–¡Eres un maldito demonio sin corazón! –solloza Valeria sintiendo que el llanto le sofoca la garganta. – ¡No tienes un solo gramo de empatía ni de respeto por el dolor ajeno! ¡Déjame ir a ver el cuerpo de Richard por última vez, te lo suplico por lo que más quieras, déjame despedirme del hombre que dio la vida por mí!
–¡No vas a volver a poner un solo pie dentro de ese quirófano ni vas a derramar una sola lágrima más por el cadáver de ese traidor! –ordena Adrián poniéndose de pie de un salto m