Pero entonces algo en el rostro de Lucas me detuvo en seco. No era su típica expresión arrogante ni el atractivo que solía rodearlo, sino algo que no esperaba para nada: marcas de golpes esparcidas en su piel, ligeras pero muy visibles. Había una pequeña hinchazón sobre la ceja, un hematoma oscureciéndose en la mejilla y una sombra violácea en el pómulo.
Parecía casi fuera de lugar, como si se tratara de otra persona. Aquellas magulladuras desentonaban con la imagen de seguridad que siempre pro