Damien tenía veintisiete años cuando Richard lo llamó.
—Encontré algo —había dicho Richard—. Necesitas verlo en persona.
La tienda de antigüedades estaba en la parte vieja de la ciudad, escondida entre una librería y un restaurante cerrado. Damien nunca había estado allí antes. Los escaparates estaban cubiertos de polvo, llenos de objetos que parecían pertenecer a la casa de alguna abuela.
Entró y la campanilla sobre la puerta sonó.
Richard lo esperaba al fondo del local. Parecía mayor de lo qu