Emma permaneció de pie en su nuevo estudio cinco años después de la reestructuración de la fundación.
Era más grande que el anterior. Tenía mejor iluminación y más espacio para los proyectos ambiciosos en los que estaba trabajando ahora.
Tenía cuarenta años. Era madre de tres hijos. Autora publicada. Artista reconocida. Directora de una fundación.
Pero, más importante aún, era ella misma. Completa, auténtica y sin disculpas.
La fundación había crecido de manera constante. Ahora contaba nuevamen