El gran salón de Lunaris nunca había estado tan lleno.
Ochenta y tres lobos de Lobo Salvaje, heridos, exhaustos y traumatizados, se mezclaban junto a los guerreros de Lunaris. El aire estaba denso con el fuerte olor de sangre, sudor y miedo que emanaba de alguno de ellos.
Artemis estaba de pie en el estrado, Ragnar a su lado como una sombra protectora. Para todos los presentes no pasó desapercibida la manera en la que el rey se encargó de limpiar y cubrir el cuerpo de Artemis personalmente. Su