El primer día de viaje fue extrañamente normal.
Viajaron en forma humana, conservando energía, moviéndose a un ritmo constante que devoraba kilómetros sin agotarlos. El territorio de la Manada Lobo Salvaje era familiar, bosques que Artemis conocía como la palma de su mano, pero con cada paso hacia el norte, sentía que algo en el aire cambiaba. Se volvía más frío, más denso, como si la atmósfera misma se tensara ante la ansiedad que Artemis sentía en su corazón.
Rifen hablaba poco, pero cuando l