Las semanas pasaron rápido, y Aisha seguía bajo la supervisión de Salomón, que la observaba minuciosamente y daba vueltas a su alrededor.
El líder Nevri insistía en que, para sobrevivir, debía aprender a controlar su lado bestial. Sin embargo, tras días de entrenamiento, algo no encajaba. Mientras los demás Nevri lograron transformarse bajo su guía, Aisha seguía siendo incapaz de hacerlo.
—Concéntrate, Aisha. Siente a tu bestia. Deja que fluya desde el interior de tu pecho —ordenó Salomón, con