Varek descendía las escaleras con pasos firmes, el eco de sus botas resonando en la penumbra del castillo. Sin embargo, un ruido inesperado lo alertó. Sin dudarlo, regresó sobre sus pasos y, al encontrar la puerta de Aisha cerrada, la abrió de un empujón que hizo crujir la manija, revelando una escena que encendió su furia.
Aisha intentaba escapar por la ventana, aferrándose a las cortinas mientras el sol del amanecer delineaba su silueta. Varek avanzó, deteniendo su huida al sujetarla del braz