El sol se filtraba por la ventana, acariciando el rostro cansado de Rasen mientras salía a correr. El aire fresco rozaba sus mejillas, pero no era suficiente para despejar el tumulto de pensamientos que lo atormentaban. Cada paso que daba llevaba el peso de la culpa, de Clear, de Aisha, y de un destino que parecía inevitable.
Al regresar, Elbanius lo esperaba en la entrada, su rostro surcado por líneas de sabiduría y secretos.
—Sígueme, chico de ojos oscuros —ordenó, guiándolo hacia una sala ap