Katherine Olson
Al fin, nuestros hijos habían llegado a casa y la felicidad invadió nuestro hogar. Leandro y yo éramos los padres más felices y enamorados del mundo. En ese instante, podíamos decir que la vida nos estaba dando todo lo que queríamos y que estábamos en el lugar donde debíamos estar.
Acababa de terminar los quehaceres con Sherry cuando llegué a la sala. Leandro balbuceaba con los pequeños, mirándolos con tanto amor que sentí mi corazón temblar.
—Cada día crecen más, ¿verdad? —le p