Katherine Olson
Han pasado ocho semanas desde que nacieron mis pequeños. Fue un parto prematuro y, aunque el proceso fue más largo de lo esperado, afortunadamente mis hijos estaban perfectamente bien. En unos días estarían en casa, lo que nos llenaba de felicidad a Leandro y a mí. Nos sentíamos los padres más afortunados del mundo, pero también los más agotados.
La intimidad, esa chispa que solíamos compartir, parecía haberse desvanecido desde que nacieron los gemelos. No sabíamos lo que era "t