—Yo también pensé que nunca volvería a verte, Leandro... Te extraño... Te extraño tanto, mi amor. ¿Cómo están mis hijos? ¿Sherry, mis niños? Seguro me odian...
Me aparté un poco para que pudiera respirar mejor y le acaricié la frente con suavidad, secando las lágrimas que aún rodaban por sus mejillas. Sabía que no era el momento de hablarle de todo lo que había pasado, del secuestro, de Jennifer y su locura, de la oscuridad que había llenado nuestras vidas. Ahora no.
—Están bien, mi amor, pero