Katherine Olson
Leandro no se comunicó conmigo en toda la tarde, así que tuve que asistir sola a la cita médica. Si no iba, probablemente habría sido peor. Ni siquiera conseguí que Andrew me llevara. Con los nervios a flor de piel, consciente de que algo no estaba bien en mi cuerpo, accedí a la consulta con el doctor Zabala.
Era un hombre mayor, que parecía más un anciano a las puertas del retiro. Sus grandes gafas y gesticulaciones exageradas a veces no me inspiraban confianza.
—Bueno, señorit