Andrew
Leandro salió de la oficina y yo me levanté de inmediato, llamándolo con desesperación.
—¡Señor, espere! ¡Déjeme ir con usted!
Federica, la rubia que le había dado la información a Leandro, me miró con una expresión inquietante. Me volví hacia ella, suspirando con resignación.
—Todo esto es una mierda —solté con frustración.
—Dímelo a mí, que ni siquiera tengo un lugar donde vivir.
La miré con compasión. Ella también estaba pasando por un momento difícil, y parecía que buscaba un poco de