Camille
Sin mirar atrás, subo a mi auto y acelero hasta perderlo de vista. Sin dejar de conducir, limpio las lágrimas que corren por mis mejillas y, aunque intento detenerlas, me es imposible.
Sus palabras fueron tan crueles que me duele el solo recordar la forma en que me miraba cuando su boca pronunciaba cada una de ellas, pero lo que más me hiere es que haya desconfiado de mí.
Cuando estoy un poco más tranquila, decido que no es bueno llegar en este estado a mi casa, ya que de lo contrario do