91. Mantenerse firme
El doctor y yo permanecemos varios minutos en silencio, minutos en los que solo tengo la cara agachada y miro mis manos entrelazadas sobre la sábana percudida y amarillenta, la puerta que se encuentra al frente se abre, no me molesto en levantar la mirada.
— ¿Cómo está?.- la voz de Armando choca con las 4 paredes de este diminuto cuarto, el doctor se pone de pie, el rechinido de la silla hace eco en mi cabeza.
— La traté con los mejores medicamentos y ungüentos, su herida ya ha cicatrizado pe