—¿Por qué tu cambio tan repentino, Rous? —le preguntó Caleb con la mirada cambiada y no como el hombre que rogaba amor—. No puedes ahora alegar inocencia o memoria perdida. Creo que eso se ha terminado.
Rous sonrió mientras agitaba sus manos al aire. —¿Inocencia? —le cuestionó con sorpresa—. ¡Jamás he sido inocente! ¿Y si tu lo has sido? Es tu problema. Aquí vamos de nuevo, Caleb. Como en los viejos tiempos.
Caleb se acercó a ella con el aroma de un empresario, con el carácter cambiado. No esta