El destino parecía un chiste de mal gusto, acomodando todo a su antojo y de maneras en las que nadie podría llegar a comprender de manera eficaz.
Caleb en ese instante estaba conociendo a la persona que más adelante se convirtió en su mano derecha, en ese amigo y hermano con el que forjaron batallas y negocios. Solo que aún no lo sabía, solo que aún no estaba seguro siquiera si podría llegar a sobrevivir a los exigentes resultados de David, que acechaba con olor a peligro a quien se atreviera a