Los más de cien hombres, entre escoltas, repartidores y encargados de bodegas se alborotaron al escuchar el segundo disparo que no provino del arma que había ejecutado al ruso. Caleb fue el punto de atención en ese instante de caos.
La lluvia comenzó a rociar la tierra, como queriendo borrar rastros de lo que ahí estaba aconteciendo, llovió de pronto como diluvio, pero nadie ¡Nadie! Se movió y con las armas cargadas listas para disparar al que en ese instante había accionado su arma para acerta